Europa imposible

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Contradiccions que no son post-modernes

Revolucions naixent en academies?

Mc Zoo – Escenes quotidianes vol I

 

Las elecciones europeas han pasado a la historia por el terremoto electoral que ha supuesto el primer golpe serio al bipartidismo de este revival de restauración borbónica en la que el estado español lleva inmerso36 años.

A nivel europeo el seísmo también se ha hecho notar, con un derrumbe generalizado de las lógicas políticas que imperaban en la Europa liberal en la que estamos inmersos. Estos movimientos no han aparecido de la nada, de hecho no es más que una réplica del verdadero terremoto que sacude Europa: la reestructuración de la economía mundial tras el fin de la globalización.

Uno de los pilares del pensamiento contemporáneo de las sociedades europeas es la idea que hizo popular el politólogo estadounidense, Francis Fukuyama,  de “El fin de la Historia”. Es decir, ya vivimos en el “mejor de los mundos posibles”, que se acabaron los movimientos porque la democracia liberal ha vencido a todos sus enemigos y está aquí para quedarse, como el “menor de los males”.

En la memoria de varias generaciones, sobre el horror y la barbarie de las guerras y la miseria descarnada, se ha construido esa idea de que la “paz” que “nos hemos dado entre todos” es el fruto de todos los esfuerzos y luchas del pasado. Que toda esa gente que peleó y murió por ideales nobles, desde 1808 a 1978, desde Villalar de los Comuneros a Stalingrado, lo hizo para que hoy pudiéramos vivir como vivimos.

Jose_Miguel_Mayo

Autor: José Miguel Mayo

Esta percepción de “El fin de la Historia”  ha calado muy hondo en Europa. Por eso, hay quién se resiste a ver que estamos en el epicentro de  ese terremoto tras vivir alrededor de 20 años en “el mejor de los mundos posibles”. El propio continente se ha visto a sí mismo desde esa perspectiva, alimentada desde las instituciones construidas en torno al mercado común, como si la Europa actual hubiese roto con su trayectoria y se hubiese “autoconstruido” de cero, tras los “errores del pasado” y las “guerras entre hermanos”. No hay que olvidar en este momento el más que importante papel que ha jugado la cultura para afianzar el imaginario de esa Europa artificial que trasciende a su recorrido histórico. Y es que a veces la cultura se deshace de su potencial reivindicativo y se pliega a los dictados dominantes.

Pero el seísmo es imparable y esa Europa imposible en la que hemos vivido se resquebraja.

Frente al modo de pensamiento hegemónico para el que la Historia es una colección de fotos, trastos y relatos almacenados en los museos, decimos alto y claro que la Historia no se puede mirar desde fuera, que siempre somos y contruimos Historia. Que la Europa en la que hemos vivido es conceptualmente imposible, porque la Europa “democrática” y “unida” no ha aparecido por la decisión de los pueblos de Europa, sino por el desarrollo de sus industrias y su economía y así sigue siendo hoy, bajo la atenta mirada de las lobbies. Por eso la cuestión de la deuda es hoy lo que está vertebrando Europa, es su esencia, no es un simple error provocado por una crisis o un unas instituciones corruptas.

Frente a la idea de que “la historia acabó” tenemos que señalar a Ucrania para ver que nada más lejos de la realidad. Lo hemos visto más veces en los últimos años y el diagnóstico es claro: las revoluciones, los golpes de estado o la resistencia popular siguen siendo posibles. Para romper con esa visión imperante de “El fin de la Historia” hay que ver en el conflicto de Ucrania una realidad cercana que nos envuelve, con intereses encontrados de los que somos partes, en vez de una causa lejana con la que podemos elegir solidarizarnos, como si no fuese cosa nuestra.

En este momento, es más necesario que nunca retomar el hilo del pensamiento críticoque desbanque esos discursos que o bien ocultan los conflictos que existen o bien los plantean tan mal que son un obstáculo.

La academia en lugar de ser ese lugar de referencia donde el pensamiento crítico es la principal herramienta para analizar la realidad, se ha acomodado en el discurso postmoderno, líquido y relativista. Difícilmente podemos esperar que desde los centros de investigación se analice la realidad en búsqueda de un cambio social y no estén al servicio de la institución o empresa que financie el estudio. Por ello, debemos compartir y socializar el pensamiento, sacarlo a la calle, para darle un cariz realmente transformador y revitalizarlo. Que seamos todas y todos quienes tengamos acceso a esa herramienta para el cambio.

Exarchia sigue teniendo el objetivo, en la medida de sus posibilidades, de hacer de puente entre lo académico y lo popular. Seguimos apostando por analizar la realidad de manera crítica, por citar fuentes para que el lector o la lectora puedan seguir indagando, ya que no pretendemos que nuestro punto de vista sea absoluto y el único válido y además, confrontamos discursos dentro de la línea transformadora para seguir avanzando.

Revista Exarchia

Septiembre 2014

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