Ecuador: de la esperanza del cambio de modelo a la explotación del Yasuní

Por Manuel Bayón

Fotos: Miriam Gartor

→ Lee ‘Ecuador: de la esperanza del cambio de modelo a la explotación del Yasuní’ en PDF

La iniciativa Yasuní-ITT fue uno de los buques insignia del gobierno del Ecuador presidido por Rafael Correa, que proponía no explotar el petróleo del bloque 43 de la amazonía ecuatoriana donde se ubican los campos Ishpingo, Tiputini y Tambococha. Se encuentra ubicado en el Parque Nacional Yasuní, donde habitan comunidades de los pueblos indígenas Waorani, Kichwas y los pueblos  indígenas en aislamiento voluntario, Tagaeri y Taromenani, que se adentraron en el Yasuní huyendo de la explotación petrolera. Es además uno de los lugares más biodiversos del mundo, por ejemplo, una hectárea del parque contiene tantas especies distintas de árboles como todo Canadá y Estados Unidos. A cambio de dejar el petróleo bajo tierra, la comunidad internacional debería aportar la mitad de las utilidades que reportaría al Estado la explotación del crudo pesado que contiene el bloque 43, rebautizado como Yasuní-ITT.

Pie de página: Marcha de Yasunidos de entrega de las más de 750.000 firmas el 12 de abril de 2014, tras seis meses de recogida de firmas por todo el país, en un acto festivo de celebración por superar las 584.000 firmas necesarias para llevar a cabo la consulta popular. Fuente: Miriam Gartor (http://mirgartor.wordpress.com/).

Pie de página: Marcha de Yasunidos de entrega de las más de 750.000 firmas el 12 de abril de 2014, tras seis meses de recogida de firmas por todo el país, en un acto festivo de celebración por superar las 584.000 firmas necesarias para llevar a cabo la consulta popular. Fuente: Miriam Gartor (http://mirgartor.wordpress.com/).

En realidad, la iniciativa Yasuní-ITT fue gestada por los movimientos sociales, en una sociedad impactada por el desastre social y ambiental generado por Chevron-Texaco en los años 70, 80 y90 del S.XX. Organizaciones indígenas ecologistas y de derechos humanos han pugnado desde entonces por una sociedad democrática. La presión de estas organizaciones se cristalizó en distintas campañas como “Amazonía por la Vida”, creada en 1989. Un hito de esta organización desde abajo contra los desmanes de la explotación petrolera fue el conocido como el “Juicio del siglo” en el que 30.000 personas e indígenas de la Amazonía interpusieron una demanda contra Chevron-Texaco. La demanda se ganó en 2011 en los tribunales ecuatorianos, lo que supuso una condena histórica que reconoce los daños provocados por la empresa y la obliga a indemnizar con 16 mil millones de dólares a las familias indígenas y campesinas para compensar los mismos y remediar el impacto medioambiental.

La Iniciativa Yasuní-ITT se aprobó con Esperanza Martínez, una de las fundadoras de Acción Ecológica, como asesora de Alberto Acosta, ministro de Energía y Minas. Sin embargo, la presencia de fuertes lobbies petroleros dentro del gobierno hizo que se aprobara un “plan B” en caso de que no fuesen reunidas las donaciones internacionales, que implicaba extraer petróleo del bloque 43-ITT. La visión antiextractiva salió reforzada en la nueva Constitución del Ecuador de 2008, con la novedosa declaración de los Derechos de la Naturaleza y la definición de Ecuador como un Estado plurinacional, lo que incluye amplias prerrogativas en todo lo relacionado con territorialidad indígena, y lo que es clave para el Yasuní, la prohibición expresa de explotar los recursos de los territorios de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario. La Constitución declaraba además una moratoria minera en todo el país, o elevaba el Sumak Kawsay, la vida en plenitud conceptualizada por la cosmovisión indígena en armonía con la naturaleza, a principio rector de la vida del país.

Mapa que sitúa el Yasuní dentro de Ecuador. Fuente: daprose.net

Mapa que sitúa el Yasuní dentro de Ecuador. Fuente: daprose.net

Ello implicaba romper con la desastrosa experiencia de 40 años de endeudamiento, renta petrolera y neoliberalismo que provocaron una espiral de sucesivas crisis económicas y la destrucción de la Amazonía norte ecuatoriana. Los peritajes realizados para el juicio contra Chevron-Texaco son concluyentes respecto a los daños a la salud ocasionados, con un incremento radical de enfermedades como el cáncer, las malformaciones congénitas, los problemas dermatológicos o el infantilismo (problemas en el desarrollo de niñas y niños). Estas afectaciones se deben a los vertidos de petróleo, químicos y aguas de formación a los ríos y esteros de los que bebe la población, así como a la cercanía de los mecheros que queman el gas, cuyas cenizas son fuertemente contaminantes. A nivel social, los daños han implicado la desaparición de dos pueblos indígenas, los Tetetes y Sansahuaris, y todo un cambio de la vida social y económica. La contaminación hace inviable la caza y recolección propia de los pueblos amazónicos, y el cultivo de pueblos campesinos e indígenas. Ello implica un encadenamiento productivo a las empresas petroleras, pasando las comunidades a mendigar puestos de empleo a quien está destruyendo su vida.

Según una reciente publicación la explotación petrolera provoca además una violencia estructural que se centra de forma especialmente contundente en las mujeres. La forma de ocupar el territorio de las empresas petroleras implica una fuerte militarización que asegura las inversiones, contrata mayoritariamente hombres -lo que radicaliza las relaciones desiguales entre mujeres y hombres a nivel de las comunidades- y llena el territorio de hombres bajo una fuerte explotación laboral, lo que hace proliferar el alcoholismo, los prostíbulos y las violaciones a las mujeres. La ruptura de los ciclos de reproducción de la vida, las dificultades de cultivar los chacras, un trabajo mayoritariamente femenino en la Amazonía, y el aumento de las tareas de cuidados, cambian completamente la vida cotidiana de las mujeres. Todos estos impactos sociales tienen como trasfondo la acumulación de capital en la que son protagonistas las empresas trasnacionales, que generan unos mínimos impuestos captados por el Estado. Esta estructura económica primario-exportadora, de carácter rentista y afianzadora de las oligarquías petroleras ha posibilitado no realizar las imprescindibles reformas tributarias y agrarias que mejoren las altas inequidades que se dan en Ecuador y toda América Latina. Lamentablemente, la salida de Chevron-Texaco en los años 90 del S.XX fue sustituida con la llegada de empresas estadounidenses, canadienses, argentinas o españolas (Repsol continúa explotando el bloque 16 en el corazón del Parque Yasuní), y en la última etapa, empresas chinas.

La Iniciativa Yasuní-ITT suponía una propuesta que rompía con esta forma de “desarrollo” primario-exportador en el que el continente lleva más de 500 años inmerso, y garantizaba el cumplimiento constitucional respecto a los Tagaeri-Taromenani. Sin embargo, desde la aprobación de la Constitución de 2008, las posiciones dentro del Gobierno ecuatoriano favorables al extractivismo han ganado la partida. Por un lado, abriendo el país a la megaminería metálica ausente hasta ahora en Ecuador, y por otro, llevando a cabo una licitación petrolera que define toda la Amazonía centro y sur como susceptible de explotación. Esta estrategia extractiva restó credibilidad a la Iniciativa Yasuní-ITT, lo que sumado a dudosas designaciones al frente de la misma y al nulo compromiso de los gobiernos de los países europeos, estadounidenses o asiáticos respecto a la deuda social y ecológica que están provocando sus empresas, hizo que fuese recaudada una cantidad muy escasa frente al mínimo de la Iniciativa.

Mapa oficial de los clanes de indígenas aislados. Fuente: Ministerio del Ambiente

Mapa oficial de los clanes de indígenas aislados. Fuente: Ministerio del Ambiente

El 15 de agosto de 2013, Rafael Correa derogó la Iniciativa, anclando su decisión en la necesidad de desarrollar el país para acabar con la pobreza y en la fiabilidad absoluta de la técnica para solamente afectar al uno por mil del territorio del Yasuní. Ello conjugado con la ausencia total en el discurso presidencial del empobrecimiento generado por la explotación petrolera en las áreas en las que se asienta o la de presencia en el lugar de los pueblos Tagaeri-Taromenani. En respuesta, las organizaciones ecologistas, de derechos humanos, feministas, estudiantiles, etc, se articularon en torno la campaña Yasunidos, con el apoyo de las organizaciones indígenas o sindicales. Sin embargo, la particularidad respecto a otras movilizaciones en el pasado de Ecuador es que hay una multitud de jóvenes que han ido construyendo un sujeto político urbano que ha considerado al Yasuní como el epicentro de la lucha por una democracia más directa y participativa, que creció con este nuevo paradigma discursivo de llevar a cabo una mejora de las condiciones de vida en Ecuador sin destruir la naturaleza.

Durante los meses de agosto y septiembre convocaron marchas masivas que fueron fuertemente reprimidas con limitaciones de la protesta y violencia policial. Desde octubre la estrategia se centró en la consecución de una consulta popular que preguntara “¿Está usted de acuerdo en que el gobierno ecuatoriano mantenga el crudo del ITT, conocido como bloque 43, indefinidamente bajo el subsuelo?”. La Constitución del 2008 permite convocar una consulta recogiendo el 5% del padrón electoral, lo que equivale 584.323 firmas, a lo largo de 6 meses. Las y los Yasunidos ocuparon las calles con las zapateadas, una novedosa forma de protesta en la que se baila el sanjuanito, un baile indígena de la sierra andina, a la vez que recogían firmas. Se ubicaron por todo el país decenas de puntos fijos y lograron posicionar el tema de forma preponderante en el debate público y los medios de comunicación, sumando apoyos en buena parte de la sociedad ecuatoriana y mundial. Además, cuestionaron el propio discurso proexplotación, con estudios técnicos respecto a las posibles afectaciones y ofrecieron alternativas económicas para obtener los recursos que proporcionaría extraer el crudo del ITT (lo que se lograría con una tímida subida de impuestos a las mayores empresas del país). Las encuestas muestran que más del 70% de la población quiere una consulta que revea la decisión presidencial.

Foto de la marcha de mujeres amazónicas que llegó a Quito en octubre de 2013 desde Puyo, que contó con decenas de mujeres que llegaron desde las comunidades de distintas nacionalidades indígenas que se enfrentan a la XI Ronda Petrolera en el centro-sur amazónico. Fuente: Miriam Gartor, (http://mirgartor.wordpress.com/)

Foto de la marcha de mujeres amazónicas que llegó a Quito en octubre de 2013 desde Puyo, que contó con decenas de mujeres que llegaron desde las comunidades de distintas nacionalidades indígenas que se enfrentan a la XI Ronda Petrolera en el centro-sur amazónico. Fuente: Miriam Gartor, (http://mirgartor.wordpress.com/)

El 12 de abril fueron entregadas por Yasunidos más de 750.000 firmas, en una emotiva marcha que recorrió Quito. El Consejo Nacional Electoral que debía realizar la verificación de las firmas ya había mostrado durante la recogida de firmas un posicionamiento político alineado con el gobierno impropio de un órgano regulador de la democracia, pero el jarro de agua fría llegó con la invalidación de casi 500.000 firmas, lo que ha dejado hasta el momento la consulta popular por el Yasuní en punto muerto. Yasunidos ha denunciado el proceso por fraude, documentado a través de diversas estrategias faltas de transparencia o un incomprensible rigor de forma por parte del CNE. En estos momentos hay recursos de impugnación a la anulación de firmas y se están preparando distintas movilizaciones para seguir reclamando una consulta popular que frene la explotación del Yasuní. Por el otro lado, avanzan los requerimientos legales para llevar a cabo la explotación. En estas semanas se juegan en Ecuador no solo los derechos constitucionales de los Tagaeri-Taromenani, el Yasuní o el modelo económico del país, sino la posibilidad de pensar el mundo desde coordenadas distintas, que nos lleven a decisiones verdaderamente democráticas, en las que la población pueda decidir si se sigue apostando por la acumulación de capital como principio rector, o si se posiciona a favor de los derechos y la reproducción de la vida como base del cambio.

Notas:

1. Web de Amazonía por la Vida

2. Web del Frente de Defensa de la Amazonía

3. La vida en el centro y el crudo bajo tierra, el Yasuní en clave feminista

4. Web de Yasunidos

5. Estudio “El 1×1000 no existe en el territorio”

6. El llamado Plan C del CDES

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