La contracrónica// ¿Quién mató al libro?

Por Víctor Gutiérrez

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¡Vaya veranito! Si no te llevabas una buena novela a la playa, a la piscina o, simplemente, al sofá de tu casa, podrías haber matado el rato leyendo la crónica rosa del sector editorial. Lo tenía todo: personajes ambiguos, giros inesperados, intriga… Eso sí, dependiendo de en qué medio se leyeran las noticias cambiaba mucho la voz narradora. Por ejemplo, si uno agarraba El País se daba cuenta de que estaba ante un relato policíaco con el estilo clásico de Agatha Christie (“¡Alguien ha matado al libro! ¿Quién será?). En cambio, quien se haya informado de las entradas sobre el tema en la página web La patrulla de la salvación habrá disfrutado con un estilo de escritura mucho más cercano al sórdido humor de Boris Vian. De una manera u otra, parece que todo el misterio gira en torno al asesino del sector editorial. En eso, al manos, todos están de acuerdo. 

Según el último “Avance de resultados” que todos los años presenta en los meses estivales la Federación de Gremios de Editores en España, la sangría económica del sector alcanza ya unos niveles dramáticos. La facturación en el mundo del libro ha descendido en casi un 12% con respecto al año anterior, que por cierto también descendió con respecto al anterior, el cual también bajó con respecto al anterior… Resumiendo, que en 5 años la víctima ha perdido un tercio de su sangre (se factura prácticamente un 30% menos).

Como es lógico, nada más darse a conocer estos datos, los medios de comunicación (preponderantemente los impresos) empezaron a publicar una serie de reportajes en los que, como si de una rueda de reconocimiento se tratara, se exponían ante el público a los posibles culpables. Entre los sospechosos nos encontramos a la número 1, una vieja con cara agría y una camiseta con el eslogan “Lehman Brothers is cool” (alias, la crisis). El número 2 es un chico joven con un poco de acné y un parche en ojo (alias, el pirata). Y por último, no podía faltar, el número tres: un cable de ADSL cuya picadura puede ser mortal (alias, la “internete”). Para los periódicos tradicionales, la pregunta sobre quiénes son los culpables es fácil. ¡Todos! ¡Todos ellos han apuñalado a su retoño! Pero, para otras muchas personas hay algunas pistas que no cuadran en la escena del crimen. Repasémoslas.

Matrimonio de conveniencia

El 27 de mayo se anunció a bombo y platillo un feliz enlace: la todopoderosa y omnipotente Carmen Balcells se iba a fusionar con Andrew Wylie. Todos los comentaristas dedicaron loas a dicho matrimonio aunque, sinceramente, olía a chamusquina. Para quien no los conozca, Balcells es la agente literaria más importante en el ámbito hispanohablante. En su cartera han dejado manuscritos escritores como Márquez, Cortázar, Vargas Llosa… Por su parte, Andrew Wylie, apodado El Chacal, es como Carmen en el mundo anglosajón pero con mucho menos amor propio y con mucho más poder.

Es decir, que si bien es cierto que gracias a los primeros años de Balcells y a su genial criterio literario hemos podido disfrutar de escritores de primerísima talla, con Wylie esto sería mucho más difícil. Él suele trabajar sobre seguro y solo ficha a grandes estrellas mediáticas. Así pues, estas dos megaagencias literarias con políticas empresariales tan dispares se unen. Lo que implica que Balcells puede tener una jubilación más que tranquila, y que El Chacal obtiene una posición privilegiada cuando la lucha de Amazon se traslade al mercado hispanohablante.

contracro

Fagocitosis empresarial

Por otro lado, aunque ya estemos acostumbrados a este tipo de nuevas, la concentración en el sector editorial sigue creciendo. Planeta parece que está reclutando a todas las tropas posibles para marchar sobre el muro y defender así Invernalia del ataque del maligno Jeff Bezos (dueño de Amazon) y de sus secuaces. Explica la Sargento Margaret, en una entrada publicada el 1 de julio en el blog La patrulla de salvación, que Planeta y Penguin Random House están “condenados” a fusionarse. La verdad es que dicho planteamiento no es ninguna locura si se analiza con perspectiva la historia de dichas compañías durante los últimos 10 años.

Esto supondría un enorme golpe sobre la mesa. Según la última clasificación publicada por Publishers Weekly sobre los grupos editoriales más importantes del mundo, Grupo Planeta ocupaba la octava posición con una facturación de 2.161 millones de dólares en 2013 y Random House la quinta con 3.664 millones en ese mismo año. La suma de ambas implicaría una facturación global de 5.825 millones de dólares, por lo que se convertirían en el tercer sello editorial más importante del mundo (solo por detrás de Pearson y Elsevier) y por supuesto en la Editorial más grande del mercado hispanohablante.

Esto supondría un enorme golpe sobre la mesa. Según la última clasificación publicada por Publishers Weekly sobre los grupos editoriales más importantes del mundo, Grupo Planeta ocupaba la octava posición con una facturación de 2.161 millones de dólares en 2013 y Random House la quinta con 3.664 millones en ese mismo año. La suma de ambas implicaría una facturación global de 5.825 millones de dólares, por lo que se convertirían en el tercer sello editorial más importante del mundo (solo por detrás de Pearson y Elsevier) y por supuesto en la Editorial más grande del mercado hispanohablante.

Así pues, en un hipotético futuro no muy lejano, sería relativamente sencillo que se diera la siguiente situación: una macroeditorial, en colaboración con una macroagencia y con todos los críticos literarios del país (asalariados de dicha macroeditorial debido al poder accionarial de estas empresas en sus medios), facturaría el 90% del total del sector, por lo que puede condicionar a su antojo los avatares del mundo literario mediante premios amañados y hercúleas campañas de publicidad.

Entonces, ¿quién es el asesino?

Pues, pese a que todos han querido inculpar a los mayordomos (“la crisis”, “el pirata” y “la internete”) parece que estos personajes no hicieron más que robar los dientes de oro al cadáver una vez estaba agonizando en el suelo. ¿Está esto mal? Puede, pero no son los verdaderos culpables. El informe forense señala que la causa del fallecimiento es un lento envenenamiento mediante la masiva concentración empresarial en el sector.

Cada vez son menos los que pueden vivir de escribir y, a su vez, los autores cada vez están más condicionados por las grandes marcas que les pagan el sueldo (y que son las únicas capaces de hacerlo). El nivel baja y, como es lógico, los lectores terminan hasta la coronilla de empezar libros y asquearse antes de llegar a la página 50, por lo que se lo piensan dos veces antes de gastarse unos 20 euros en el libro de turno. Mientras tanto, los críticos literarios de medios supuestamente rigurosos y serios siguen actuando en su peculiar obra de teatro recitando de memoria y sin errores su guion. Y, claro, como la inmensa mayoría del público tiene dos dedos de frente huele el pastel a kilómetros. Al final, hay tantos culpables que uno no tiene más remedio que frotarse los ojos y esperar con ansia la nueva entrega de este estupendo folletín literario. ¡A ver quién carga con el muerto!

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