El papel de los lobbies en la UE

→ Lee ‘El papel de los lobbies en la UE’ en PDF

Por Miguel Díez

Estos días Europa está de moda. O mejor dicho la Unión Europea. Las noticias sobre las penurias del sur de Europa han llegado a aburrir y ahora toca centrarse en la fiesta de la democracia: las elecciones al Parlamento Europeo. Tenemos que olvidar todos nuestros males y recordar lo afortunados que somos al poder disfrutar de un sistema político democrático que da oportunidades de gobierno a cualquier partido y propuesta. Sólo es cuestión de participar. Tú puedes hacerlo mediante tu voto.

Pero cada vez que se sucede este ritual democrático –no muy exigente en principio, sólo tenemos que ir a depositar un papel en una urna sin necesidad de informarnos previamente- siempre aparecen comentarios que ponen en duda la utilidad del que, para mucha gente, es el único día en el que se sienten partícipes de la democracia. ¿De qué sirve votar? Eso se preguntan algunos y acaban concluyendo que las elecciones son sólo una forma de participación democrática dentro de otras muchas posibles: manifestarse para reclamar ciertos derechos en la vía pública, participar mediante las asociaciones de la sociedad civil en la política institucional… Esto en el mejor de los casos, ya que la otra forma de actuar cuando uno se pregunta la utilidad del voto es la de concluir que todo está perdido y que no merece la pena hacer nada en la vida pública. La comodidad también tiene su justificación, ¿acaso creías que no?

index

Los orígenes económicos de la UE

Dejando de lado la cuestión de si son útiles o no las elecciones al Parlamento Europeo –eso es algo que habrá que decidir con algo más que una conversación entre cañas-, podemos reflexionar un momento sobre la realidad del poder en la UE y arrojar algo de luz a la pregunta con la que iniciábamos la reflexión.

Ya desde sus orígenes la UE tuvo un papel esencialmente económico. Esto resulta evidente en su primera formulación como Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA) allá en el 1951. Esta fue la primera organización comunitaria y nació inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial ante la imperiosa necesidad de reconstruir económicamente el continente europeo. Así, se acordó poner en común la producción de acero y carbón de Francia y Alemania bajo una alta autoridad común en el marco de una organización abierta a la participación de otros países europeos como Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos. Posteriormente en 1957 se continuaría trabajando sobre la base de la libre circulación de mercancías, servicios, personas y capitales para formar la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o EURATOM) y la Comunidad Económica Europea (CEE).

Lo interesante de todas estas primeras formulaciones y antecedentes de lo que luego sería la UE a partir del 1992 (Tratado de Maastricht), es que la motivación económica de las grandes corporaciones estuvo siempre impulsando todos los esfuerzos de unión comunitaria. Y esto no debería extrañar a nadie, pues parece que la historia nos enseña que la economía es el mayor motor de la historia.

El papel de los lobbies en la UE

Dicho esto cabría preguntarse sobre el papel que hoy en día juegan las grandes corporaciones en la política de la UE. Parece evidente que en sus inicios la UE era un negocio entre particulares, pero ¿y ahora? ¿Cuánto de evidente es la influencia de las grandes corporaciones en la política de la UE?

Pues bien, se calcula que alrededor de 2500 lobbies concentrados en torno a Bruselas, epicentro del poder político y económico de Europa, influyen determinantemente en la adopción de políticas comunitarias1. Los lobbies, entendidos como grupos de presión que interactúan con políticos profesionales, originariamente tenían una connotación positiva, ya que permitían la participación ciudadana en los procesos políticos. Pero rápidamente se redujo a los intereses de las élites económicas. El problema aparece entonces cuando estos lobbies son en su mayoría grandes corporaciones multinacionales y sus intereses no suelen coincidir con los intereses de la mayoría de las personas.

Además, los lobbies no ejercen su poder de una manera evidente, sino que operan en la sombra, a menudo en secreto y de forma confidencial. Hay, por tanto, una tendencia sutil a convertir la política europea en una “lobbicracia”, algo de lo que ya alerta el Observatorio de Corporaciones en Europa. Este observatorio se dedica a desenmascarar y luchar por sacar a la luz quiénes son las personas que mueven los hilos en la toma de decisiones en la UE, cómo operan y qué vínculos guardan con la élite política de UE.

Las consecuencias de esta tendencia ya se están viviendo y cada vez resulta más evidente que la presión ejercida por las grandes corporaciones, cuyo único objetivo es conseguir regularizaciones en su beneficio, está generando una influencia descontrolada sobre la normativa europea que se traduce en un aumento de la desigualdad social en toda Europa2.

¿Quién forma parte de un lobby?

Por otro lado y según la reflexión anterior, cuando se habla del poder económico que dicta las políticas públicas se está aludiendo a los grandes mercados, pero se podría preguntar, ¿quiénes son esos grandes mercados que dominan el mundo? Ante la necesidad de poner cara a aquellos que consideramos responsables de nuestra situación, se suele responder que las grandes corporaciones y se señala directamente a los presidentes de tales corporaciones. Pero aún podríamos preguntar, ¿el poder de las grandes corporaciones está centralizado en la figura del presidente?

Si se analizan las fuerzas de poder en las grandes corporaciones todo apunta a que el poder, más que centralizado en la figura del presidente, está distribuido de una manera desigual entre los múltiples accionistas. Estos accionistas pueden ser incluso simples ciudadanos particulares que participan de las empresas mediante la posesión de acciones, entrando a formar parte de la red distributiva del poder –aunque también es cierto que su capacidad de acción es bastante limitada-.

Dada la complejidad de la distribución del poder resulta casi imposible poner caras al poder, transformando totalmente la responsabilidad y añadiendo complejidad al ejercicio de rendir cuentas. Este es, precisamente, el punto clave de la naturaleza del poder actual: su carácter diluido y no-centralizado.

Quizás ya no es una cuestión de creer que el poder es algo que poseen determinadas personas y que, por tanto, se puede controlar limitando sus acciones por medio de la ley o incluso de la fuerza. Cuando hablamos de los lobbies no estaría de más mirarnos a nosotros mismos y ver si eso que llamamos lobby es algo tan lejano y apartado de nosotros como creemos.

1 Lietaert, M. y Moser, F. (2012): Los negocios de Bruselas. Coproducción Bélgica-Austria; blue+green communication / Visualantics / Not So Crazy! Productions.

2 Se puede consultar una síntesis del informe Benchmarking Working Europe 2012 en castellano en el siguiente enlace: http://www.1mayo.ccoo.es/nova/files/1018/Benchmarking2012.pdf

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Nº 0

  • Nº 3

  • Nº6

  • Nº 1

  • Nº 4

  • Nº 2

  • Nº5

  • Si te perdiste el número anterior…

A %d blogueros les gusta esto: