La regulación de la recogida de setas o el fin de los bienes comunes de libre acceso

Por Guillermo Jové

El otoño en nuestras latitudes viene acompañado de las condiciones climáticas idóneas para la fructificación de los hongos: lluvia y temperaturas templadas. Miles de aficionadas se lanzan al monte cada fin de semana a recolectar un buen puñado de estos “tesoros culinarios” que en los últimos años parece estar viviendo un auge importante entre la población.

El aprovechamiento de setas en nuestra región cuenta con siglos de historia a sus espaldas, no es la única parte del mundo en donde se “cogen” y se consumen setas, pero sí podríamos calificarlo de “tradición”; de hecho son muchas las expertas que aseguran que entre los territorios leonés y castellano se encuentra la mayor diversidad de hongos de todo el continente europeo.

El recurso micológico, al igual que los frutos silvestres, siempre ha gozado de una situación de excepcionalidad dentro del conjunto de aprovechamientos forestales: siempre y cuando el monte fuese de utilidad pública, cualquiera podía recolectarlos y llevárselos a su casa. Hace años que empezaron a oírse ecos en la distancia que hablaban de una necesidad de “regular el aprovechamiento”. Fue en 1999 cuando la Junta de Castilla y León, a través del Decreto 190/1999, de 17 de junio, trazó las primeras líneas para regular los aprovechamientos micológicos en los montes de la Comunidad; en él se considera que éstos “son generadores de una gran riqueza económica” y que, por tanto, es necesario “simultanear las exigencias de protección y conservación de las especies con las de su aprovechamiento racional” [1]. Tras esto llegó la Ley de Montes 43/2003, la cual termina con las incógnitas entorno a la “propiedad” del recurso, estableciendo, en su artículo 36.1, que “El titular del monte será en todos los casos el propietario de los recursos forestales producidos en su monte, incluidos frutos espontáneos, y tendrá derecho a su aprovechamiento conforme a lo establecido en esta ley y en la normativa autonómica” [2]

Este fantasma ha estado sobrevolando las mentes de las recolectoras desde entonces, hasta que el proyecto Myas RC (ahora Micocyl) entró en vigor en torno a la campaña 2010/2011 [3]. De forma resumida, este proyecto permite a los ayuntamientos adherirse al programa voluntariamente y les propone establecer una tasa por la recolección de setas, que varía en función de si eres residente en el término municipal o no, y de si recolectas para autoconsumo o venta. Los precios por temporada varían entre los 3€ para personas autóctonas con uso recreativo y 250€ para personas foráneas con interés comercial [4].

Prohibido recolectar setas

omo era de esperar el debate no tardó mucho en estallar. Hay posturas a favor y en contra, pero son las primeras las que toman ventaja, posiblemente porque cuentan con mayor difusión en los medios. ¿Las razones que se dan para justificar la regulación? 1) Los pueblos tienen derecho a percibir una contraprestación porque las “urbanitas” se lleven los recursos de sus bosques; 2) Hay que actuar contra las mafias que esquilman los montes; y 3) Hay que gestionar el recurso para preservarlo [5][6]. Una combinación de estas 3 razones es suficiente argumento para la administración, así como para muchas entendidas del universo micológico, para establecer una regulación entorno al aprovechamiento. Algunas voces, que están de acuerdo con la regulación, ya se han posicionado en contra del sistema propuesto en el proyecto Myas [7][8], pero de aquí en adelante lo que voy a intentar es dar una visión más amplia, y personal, del problema de la regulación de setas.

Lo primero que sería interesante valorar es la eterna división entre “rurales” VS “urbanitas” que hace que las primeras se posicionen a la defensiva frente a las segundas, y las segundas con superioridad sobre las primeras. Generalmente, cuando se esgrimen argumentos de este tipo se piensa en esa plaga de “urbanitas” de clase media que sólo hace un uso recreativo del monte los fines de semana; tanto unos como otros fallan en su análisis, hay que ampliar el prisma, o ¿acaso las miles de familias que se vieron obligadas a abandonar sus pueblos durante en la segunda mitad del siglo XX para surtir de mano de obra a las industrias ya no se pueden considerar “rurales”?

Otro dilema es el afán de las administraciones (Junta, diputaciones y ayuntamientos) de convertir en dinero cualquier cosa que sea susceptible de ser regulada. Las setas generan una riqueza en la población que en la mayoría de casos no es monetaria: se recolectan y se consumen. Diríamos, entonces, que las personas obtienen un beneficio directo a partir del autoabasteciendo, es decir, no desembolsando dinero en un mercado; por tanto ninguno de estos productos repercute en los indicadores macroeconómicos que maneja la administración (PIB, Indicadores de Empleo,…).

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A través del pago y la regulación, los engranajes capitalistas, camuflados bajo la bandera de la del desarrollo rural, empiezan a actuar: micoturismo, mercados de setas con empresas certificadas, restaurantes con distintivos de calidad,… Todo para aumentar el valor añadido del producto y así llenar el nicho de mercado que quedaba vacío por la economía sumergida. Analizándolo desde perspectiva capitalista-liberal es difícil no estar de acuerdo con las medidas: necesitamos valorizar los recursos del monte para fortalecer el sector forestal. Y, ciertamente, para un sector tan olvidado como éste créanme que es un plato bastante suculento.

La crítica, por tanto, debe ser aún más amplia. Seamos sinceras, el sistema capitalista actual es el principal causante de la despoblación rural y la destrucción del medio natural. No es, ni será posible alcanzar esa panacea del “desarrollo rural” y el “desarrollo sostenible” bajo las consignas económicas actuales, sencillamente porque van en direcciones opuestas.

Alguna de las lectoras estará pensando que esto está muy bien, pero que aún queda cómo solucionar el tema de la preservación del recurso. Primero planteo una pregunta: ¿cree alguien que al pagar por un recurso vamos recolectarlo con más raciocinio? Analizándolo fríamente es más que probable que tenga el efecto contrario, “ya que he pagado, me llevo todo lo que pille”.

Este aspecto habría que enmarcarlo dentro del debate de los bienes comunes de libre acceso, pues aunque según la Ley estos bienes no sean considerados como tal, pesa más el comportamiento colectivo al respecto [9]; y esto no es más que otra de las enormes contradicciones de la educación capitalista: no estamos educando en el bien común. Imaginaos cuánto cambiarían las cosas si desde pequeñas aprendiéramos a respetarnos entre nosotras tratando a las demás de iguales y aprendiéramos a respetar y convivir con la naturaleza. Entonces la urbanita pensaría dos veces antes de dejar sin recurso a las del pueblo y ambas tendrían en mente la necesidad de preservar un recurso que nos pertenece a todas.

Quizás, hasta que la transición sea efectiva, sea necesaria una mínima regulación; en ese caso creo que establecer una limitación en el número de kilos que puede recolectar una persona al día es más que suficiente por el momento. Cualquier cosa antes de que el monstruo devorador de ecosistemas llamado capitalismo se apodere de una de las últimas posibilidades de autogestión y autoabastecimiento que quedan hoy en día.

Enlaces:

[1] La especie que falta : una norma que regule la recogida de setas

[2] Ley 23/2003, de 21 de noviembre, de montes

[3] Micología en Castilla y León

[4] Porta micocyl

[5] Juan Andrés Oria, coordinador de la Cátedra de Micología y Micoteca de Castilla y León: “Los pueblos tienen derecho a que el valor de las setas recaiga en ellos”

[6] María José Heredia, subdelegada de Gobierno en Soria: “Los grupos de recolección ilegal de setas no están tan organizados”

[7] Legislación sobre setas

[8] Luis Javier Alonso, Presidente de la Asociación Micológica Corro de Brujas: “Esta formade regular a recolección no funciona” 

[9] Otra opinión sobre la regulación de la recogida de cogomelos

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Comments
5 Responses to “La regulación de la recogida de setas o el fin de los bienes comunes de libre acceso”
  1. Santiago dice:

    Me parece más que oportuno el abrir un debate sobre este tema, porque nos permite bucear en estas relaciones comunales-público-privadas tan densas y tan necesitadas de debate. Un par de cuestiones se me vienen a mi a la cabeza para complejizar este asunto. Por un lado el concepto de ‘bienes comunes de acceso libre’: no existen, o mejor dicho, no existen organizaciones comunales a lo largo de la historia que no hayan regulado hasta límites que ahora mismo nos parecerían extralimitados, su acceso; la literatura histórica y económica (con la clásica obra de Elinor Ostrom a la cabeza) así lo afirman, asegurando que una de las cuestiones que hacen pervivir los bienes comunes y las comunidades que los aprovechan de forma comunitaria, es el establecimiento de rígidas normas de acceso, uso y aprovechamiento. Porque uso comunal no es sinónimo de uso libre…por mucho que nos pese; los propietarios de los recursos de gestión comunal (como son los montes y los aprovechamientos que tradicionalmente se han regulado por tener un ‘mercado’ aunque fuera interno, véase pastos, leñas, madera,… ) aseguran de esa manera que ellos puedan seguir disfrutándolos…

    Otro tema que también dista de ser real es el de identificar el uso micológico como exclusivamente recreativo: no es así en muchos de los casos. Hay profesionales de la seta que viven (y muy bien) de recolectar setas durante la temporada, consiguiendo unos ingresos que ya quisiéramos muchos por dos meses de trabajo. Mucha gente se ha pagado la furgoneta, el,piso en la capital o el viaje a Cancún en comarcas seteras de nuestras comunidad, dinero normalmente en negro y que escapa a las declaraciones de renta con la que se pagan los servicios básicos que el resto de los mortales financiamos con nuestros impuestos.

    Es verdad que escapar de la intromisión del capital en todas las esferas de nuestra vida es imperativo. Y que la conservación de la biosfera, y de nosotros mismos, depende en gran medida de que lo logremos. Pero para ello, tenemos que interpretar con profundidad las causas y las consecuencias de las políticas públicas y las formas en las que elegimos gestionar lo común….

    • Guille dice:

      Hola Santiago, me alegra que te parezca interesante el tema del artículo. Como digo, no es la verdad absoluta, es otra perspectiva para analizar la regulación que se está proponiendo ahora mismo.

      Desde luego la regulación de los bienes es fundamental para el aprovechamiento racional, pero en estos casos la cuestión es que no han sido los vecinos de los pueblos los que se han juntado para analizar si querían o no regularlo. Como bien señalas uso comunal no es igual a uso libre, y yo añado, monte de utilidad pública no es igual a monte comunal. Los montes públicos son propiedad de los ayuntamientos que, en ultima instancia, son la mínima expresión del Estado. Y son éstos los que deciden acogerse a la actual regulación o crear la suya propia.

      Por último, soy consciente de que hay gente que ha hecho sus dineros con el tema de las setas y también de que muchas de las mafias al final están pagadas por hosteleros de la costa brava para sus restaurantes de lujo que te venden la tapa de boletus a 15€; pero vuelvo a insistir en que esto es “otra de las eternas contradicciones de la educación capitalista”; y no, no se pueden pedir peras al olmo. Hay que ampliar las miras y optar, todos, por un cambio más profundo por entrar a las raíces del problema.

      Saludos!

  2. José dice:

    Ojo con confundir a la gente y caer en el error que comenten muchas asociaciones micológicas. Las setas sí tienen dueño por ley, como el resto de aprovechamientos forestales, otra cosa es que no haya aprovechamiento regulado en aquellos montes públicos o comunales y el propietario del terreno donde fructifican permita la recolección.

    Copio este texto, publicado en la Asociación Forestal de Soria, donde hacen mención a esto de forma bastante explicita, citando las leyes que así lo establecen, .

    “El propietario de la finca es dueño de todo cuanto en ella se cría y es el único legitimado para aprovechar los recursos micológicos de su propiedad.

    Las setas, en cuanto que son producciones espontáneas de la tierra, son frutos naturales, y como tal pertenecen al propietario de la finca donde fructifican, quien por accesión es dueño de todo lo que en ella se produce (art. 353 y 354 Código Civil).

    La Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes, en su art. 6.i), define como aprovechamientos forestales los siguientes: “los maderables y leñosos, incluida la biomasa forestal, los de corcho, pastos, caza, frutos, hongos, plantas aromáticas y medicinales, productos apícolas y los demás productos y servicios con valor de mercado característicos de los montes”.

    La Ley 3/2009, de 6 de abril, de Montes de Castilla y León (art. 42 y 43), reconoce expresamente como aprovechamientos forestales los hongos, y especifica que los propietarios de los montes tendrán derecho a hacer suyos los aprovechamientos forestales.

    Los propietarios de terrenos forestales (tanto montes como pastizales y eriales) puede por tanto:
    a) consentir la libre recolección de las setas que nacen en sus fincas
    b) reservarse el aprovechamiento para hacer un uso privativo del mismo, ya sea directamente o bien para arrendarlo a un tercero.
    c) establecer vedados y no autorizar ninguna modalidad de recolección

    Debemos entender que el monte tiene un dueño, y por tanto aprender a respetar la decisión que su titular hubiese adoptado.
    Interesarse por saber de quién son los montes y solicitar educadamente permiso para recolectar, contribuye a acercarnos al día a día de los selvicultores, y a enriquecer nuestra experiencia recolectora.”

    http://www.asfoso.org/es/dequiensonlassetas.html

    • Guille dice:

      Efectivamente,

      Es un error de citación, la fuente que se usó citaba a la actual Ley de Montes de 2003, pero hacía una interpretación de la Ley un tanto “sui generis” al considerar que las setas no tenían calificación de “fruto”. En ésta nueva Ley sí se consideran los “frutos espontáneos” como propios del terreno en donde se encuentran, así que “mea culpa”.

      He de decir que el problema y el fondo del artículo sigue siendo lo mismo, porque a pesar de que penalmente sí que pueda estar castigada la recolección al no ser “bien de libre acceso” la realidad es que si no está acotado sigue vigente el decreto de 1999, y lo más importante, que el comportamiento de la gente sigue siendo como si el “bien fuera de libre acceso” por lo tanto el análisis general no pierde en contenido.

      De todos modos, ya hay una nueva versión del artículo redactada a falta de que se pueda subir a la web, que corrige el error a nivel normativo para no faltar a la verdad, que en ningún caso fue mi intención.

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