[Opinión] Enemistades inherentes

Por Daphne B. S.

Con motivo de la reciente muerte de una mujer policía durante un tiroteo circulan por las redes noticias y opiniones de diversos tintes, y no podía dejar de aportar mi grano de arena al debate feminista.

Aprovechando la muerte de una policía en un tiroteo sucedido en Vigo hace unos días, un canal de comunicación de la extrema y rancia derecha publicó un artículo[1] denigrando la figura de la mujer, donde se exponía que el deber de toda mujer es el de cuidar de la casa y familia, y no el de jugar a “ir de hombres por la vida”. Todo el artículo es un patriarcal vómito de paternalismo y misoginia en el que espero que se ahoguen su propio autor y seguidores.

Desde luego, la humillación de ese medio es para con todas las mujeres, y cualquier respuesta contra semejantes infrahumanos es más que correcta. Sin embargo, he visto a mucha gente saltar a la palestra “en nombre del feminismo” alabando a los Cuerpos de Seguridad del Estado.

El Estado se alimenta del patriarcado, al igual que –y en– el Capital. Es necesario para su perpetuación y funcionamiento, por lo que cuando se habla de la lucha por la igualdad, por un feminismo real y contra el patriarcado, debería estar implícita una lucha contra cualquier forma de dominación, ya que en el momento que ésta exista, existirá desigualdad y un patriarcado adaptado a las circunstancias de la situación.

Es irreal pretender conseguir una sociedad realmente feminista dentro del capitalismo, es antagónico ya que el Capital asume el patriarcado adaptándolo a sus intereses para explotar y dominar a todos los seres humanos, y adaptará su imposiciones, incluso recuperará luchas, en función de las necesidades de éste para sobrevivir: ya sea vendiéndonos en cualquier calle o en cualquier matrimonio como un mero trozo de carne supeditado al servicio y disfrute de otros, ya sea sometiendo a la mujer a ser invisible y esclava en su propia casa, incorporándola al trabajo asalariado cuando escasea la mano de obra y volviendo a intentar esconderla en el ámbito doméstico, obligándola de nuevo a ser dependiente, madre y cuidadora…

Quiero mujeres libres y empoderadas, no siervas del sistema que nos oprime

Cuando yo lucho por una sociedad feminista, no lucho para que nos explote una jefa, nos pegue una policía y nos mande a la cárcel una jueza, sino para que no exista ninguna forma de autoridad que, –en masculino, femenino o neutro–, nos imponga una serie de valores que nos impidan relacionarnos libremente, que nos impida tratarnos de tu a tu sin jerarquías, o que ningún grupo imponga de forma coactiva su poder sobre otro. La lucha antipatriarcal no es una lucha parcial sino que forma parte de toda la batalla contra los sistemas de dominación.

Si no afrontamos el feminismo como parte de un todo, estaremos haciéndole el trabajo sucio al patriarcado, ayudándolo a recuperar y adaptar esta lucha a sus propios intereses, creando un falso halo de progresismo e igualdad.

Por lo tanto, y en el caso de la noticia actual que nos compete, considero que las feministas debemos tanto condenar las vejaciones que se han vertido hacia la figura de la mujer en general, –tratándola como un sujeto caprichoso e inconsciente que necesita tutela para sobrevivir–, como poner todo el sistema en cuestión desde, y no puede ser de otra manera, la óptica antipatriarcal, y tener claro la dimensión total del enemigo para no entrar en su juego y terminar justificándolo.

Así que antes de levantarnos a luchar por las mujeres que forman parte de los cuerpos represivos[2], –esos mismos que no dudan en desplegar todo su material contra nosotras cuando decidimos abortar, cuando decidimos revelarnos hartas de tanta explotación laboral y social… cuando decidimos decir basta a su dominación–, luchemos contra la discriminación y el acoso en cualquier espacio, por acabar con la obligación impuesta a la mujer de encargarse del cuidado del hogar, por conseguir un igual salario por igual trabajo, por ser dueñas de nuestros cuerpos y nuestras vidas…

Y tomemos conciencia de que el feminismo no es una lucha parcial, y que si de verdad queremos una sociedad inclusiva que se base en la solidaridad, el apoyo mutuo y en la libertad efectiva de todas las personas, la lucha ha de ser contra todo el Sistema. Porque si queremos un feminismo en el que todas las personas podamos ser nosotras mismas en un plano de igualdad, de una manera libre y sin imposiciones, el fin del feminismo ha de ser el final de toda forma de autoridad. Y por esto mismo, cualquier forma de autoridad que nos imponga un determinado tipo de relaciones y cualquier herramienta que sirva para mantener la dominación, debería ser enemiga del feminismo.


[1] Captura de pantalla de dicho artículo: El asesinato de María Lage en Vigo, consecuencia de la feminización de las funciones militares y policiales

[2] Porque evidentemente el patriarcado ataca desde todos los frentes, incluso a aquellas que deciden defender sus pilares formando parte de su línea de ofensa/defensa.

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